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¿La leche materna hace que tus hijos se porten mejor?

Muchas madres nos encontramos ante el dilema de optar por leche materna o artificial ante el nacimiento de un hijo. A los conocidos beneficios para la salud de madre e hijo que supone la lactancia materna se suma ahora un asunto de conducta de los niños que no podemos pasar por alto.

Recientemente se ha publicado en la revista “Archives in Disease in Childhood” un estudio de diversas universidades de Reino Unido (Oxford, Essex, York y el University College de Londres) que han realizado una investigación sobre el comportamiento de los niños al cumplir los cinco años. Los investigadores británicos, después de evaluar a más de diez mil madres e hijos, concluyen que aquellos niños que fueron amamantados por sus madres al menos durante cuatro meses se portan mejor que los que tomaron biberón.

Se desconoce si el resultado se debe a los componentes de la leche materna (ácidos grasos polinsaturados, factores de crecimiento y hormonas importantes para el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso) o al vínculo afectivo madre-bebé que se establece durante la lactancia materna, pero lo cierto es que los resultados demostraron que los niños que habían sido alimentados con leche artificial tenían más problemas de comportamiento como ansiedad, hiperactividad, mentían más y tenían peor relación con los padres.

Hay madres que claramente optan por la leche materna pensando en los beneficios para la salud de su bebé al que aportan defensas e inmunizan ante posibles infecciones. También ayuda a la madre a recuperarse tras el parto y las previene  ante distintas enfermedades. Otras, optan por el biberón por diversas circunstancias. Ambas opciones son igualmente respetables y son tan buenas madres unas como otras.

Dar el pecho es, sin duda, más barato y más cómodo ya que la leche siempre está lista, a la temperatura exacta, en el momento preciso, ya puedes quedarte encerrada en un ascensor con tu bebé o pasarte horas en una caravana en el coche, eso aporta mucha tranquilidad a madre e hijo. Pero por otra parte, existe una dependencia tan fuerte entre madre e hijo que hace que nadie más pueda alimentar al bebé (salvo si la madre se saca leche). Y eso afecta a muchas mujeres que acaban realmente fatigadas, con unas ojeras que les llegan hasta el suelo y sin tiempo para dedicar a los otros hijos o a otras tareas. Ya no digamos si la madre empieza a trabajar y pretende seguir con la lactancia materna, ahí si que se producen auténticos malabarismos.

Sería interesante que realizaran una investigación sobre el estado anímico y las alteraciones de humor de las madres que dan biberón y las que dan el pecho. Lo importante es ser feliz y estar tranquila con la opción que se escoja y disfrutar de los primeros meses de vida del bebé que son únicos y pasan volando. Si conseguimos eso y buenas dosis de educación, seguro que nuestros hijos modernos se portarán bien.

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